¿Abrocharte el sujetador por detrás o peinarte se ha convertido en un ejercicio de contorsionismo?
Es una de esas cosas que parecen una tontería hasta que te pasa a ti. Un movimiento que llevas haciendo toda la vida sin pensar, y que de un día para otro empieza a doler, casi siempre en el hombro.
En el Centre Mèdic Fortuny trabajamos cada día con estos problemas: hombros, rodillas, tobillos, artrosis... Y lo que más nos gusta es ayudarte a recuperar los gestos que creías que ya no podrías hacer con normalidad.
Cuando hasta los gestos más simples duelen
Levantar el brazo para algo tan simple como peinarte, o llevarlo hacia atrás para cerrar el sujetador, y notar ese pinchazo o esa limitación que antes no estaba. Al final acabas buscando trucos: cerrarlo por delante y girarlo, peinarte con el otro brazo, cambiar de postura para que no duela tanto.
Son gestos tan automáticos que ni te habías parado a pensar en ellos, hasta que el hombro empezó a poner condiciones. Cuando hasta los gestos más simples empiezan a doler, no es que 'se te haya cargado' el hombro: suele haber una causa concreta, y trabajable.
Colgar la colada en el tendedero con los dos brazos, sin ese cambio de lado para no forzar el hombro. Abrazar fuerte a quien quieras abrazar, sin pensarlo dos veces. Estirar el brazo para coger algo de la balda de arriba del armario sin necesitar la silla ni pedir ayuda. Que el hombro vuelva a moverse en todas direcciones sin avisarte primero de por dónde no puede pasar.
Cuando las escaleras te hacen dudar
¿Subir un tramo de escaleras se ha convertido en un cálculo de si hay ascensor cerca? Antes ni te lo planteabas. Ahora, antes de subir, ya sabes que la rodilla va a protestar, sobre todo en los primeros escalones. Bajar, encima, a veces es peor que subir. Buscas el ascensor sin darte cuenta, evitas las escaleras cuando puedes, y si no te queda más remedio, subes agarrándote a la barandilla, con cuidado, como si la rodilla ya no fuera de fiar.
El dolor al subir o bajar escaleras suele apuntar a un punto muy concreto de la rodilla, y localizarlo es la mitad del trabajo.
Subir a ver a tu amiga que vive en un tercero sin ascensor, sin tener que avisar antes de que vas a llegar sin aliento. Ir de excursión un domingo y que la subida no sea el motivo por el que dices que no. Notar que las piernas responden igual cuesta arriba que cuesta abajo, sin ese peso extra en la rodilla en cada escalón. Recuperar la confianza para subir sin pensarlo es, casi siempre, de las primeras cosas que se notan.
El tobillo que no termina de ser el de siempre
¿Te torciste el tobillo hace tiempo, y desde entonces sientes que se te puede ir en cualquier momento? Aquel esguince pasó, el dolor fuerte de los primeros días se fue, y a simple vista parece que ya está curado. Pero tú sabes que no es lo mismo que antes: caminas por terreno irregular con más cuidado, evitas ciertos zapatos, y de vez en cuando notas que el tobillo 'cede' un poco, como si no terminara de sujetar bien.
Ese tobillo que no vuelve a ser el de siempre no es solo mala suerte. Un esguince que no se rehabilita bien deja el tobillo más débil e inestable, aunque el dolor inicial haya desaparecido del todo.
Pisar la arena de la playa o un camino de piedras sin ir pendiente de dónde pones el pie. Ponerte esos zapatos que tienes abandonados en el armario porque no te fías del tobillo con ellos. Caminar por terreno irregular sin ese miedo de fondo a que se te vaya. Un tobillo bien rehabilitado no es solo el que no duele: es el que vuelve a sujetar con seguridad.
Cuando te dicen la palabra artrosis
¿Te han dicho la palabra artrosis y desde entonces piensas que ya no hay mucho que hacer? Es una palabra que pesa. La escuchas y automáticamente piensas en tus padres o abuelos, en articulaciones rígidas, en que esto solo puede ir a peor. Y a partir de ahí, sin darte cuenta, empiezas a moverte menos, a evitar ciertos gestos, por si acaso.
Pero la artrosis no es una sentencia de inmovilidad. Es una condición con la que se puede vivir muy bien, sobre todo si el músculo alrededor de esa articulación está fuerte y en movimiento. El peor enemigo de una articulación con artrosis no es moverla: es dejar de hacerlo.
Que te digan la palabra artrosis y tu primera pregunta sea qué puedes hacer para seguir moviéndote, no si vas a tener que dejarlo todo. Seguir yendo a bailar, al huerto, de paseo, con la tranquilidad de saber que estás cuidando la articulación, no arriesgándote. Notar que el músculo alrededor te sostiene, en vez de tener la sensación de ir con pies de plomo. Convivir bien con la artrosis se parece mucho a seguir viviendo como siempre, solo que con la articulación un poco mejor acompañada.
Lo que hacemos en el Centre Mèdic Fortuny
No tratamos solo la zona que te duele. Miramos por qué ha pasado, cómo la estáis usando y qué podemos cambiar para que mejore de verdad. Combinamos terapia manual, ejercicio terapéutico y, cuando conviene, tecnología como el ecógrafo o la radiofrecuencia para guiar el tratamiento con más precisión.
El objetivo no es que aguantes menos: es que puedas volver a hacer lo de siempre, con confianza y sin miedo a moverte.
¿Necesito que me derive el médico o puedo pedir cita directamente?
Puedes pedir cita directamente, no hace falta que te derive nadie. Si ya tienes alguna prueba o diagnóstico, tráelo el día de la valoración, nos ayuda a completar el cuadro, pero no es imprescindible para empezar.
¿Cuántas sesiones voy a necesitar?
Depende de la articulación, de cuánto tiempo llevas con la molestia y de cómo respondas al tratamiento. En la valoración te damos un plan orientativo: cuántas sesiones, con qué frecuencia y qué vamos a ir trabajando.
¿Cómo tratáis estas zonas de dolor, qué me vais a hacer exactamente?
No hay un único tratamiento para todos los casos. Según la zona, la fase en la que estés y lo que necesites, combinamos terapia manual, ejercicio terapéutico y, cuando conviene, tecnología como la radiofrecuencia para ayudar a la recuperación del tejido. Lo decidimos después de la valoración, ajustándolo a tu caso concreto, no haciendo siempre lo mismo con todo el mundo.
Me han dicho que tengo artrosis, ¿la fisioterapia sirve para algo o solo la frena?
Sirve para bastante más que frenarla. Trabajando la fuerza y la movilidad alrededor de la articulación, se reduce el dolor y se mejora la función, muchas veces de forma notable. No revierte el desgaste, pero cambia mucho cómo te sientes y cómo te mueves con él.
¿Tengo que dejar de moverme o de hacer deporte mientras me tratáis?
Al contrario, normalmente lo que hacemos es ayudarte a seguir moviéndote de forma segura, adaptando la actividad a lo que la articulación pueda tolerar en cada momento. Parar del todo casi nunca es la mejor opción.
¿Tenéis ecógrafo en la clínica?
Sí, y lo utilizamos bastante en este tipo de casos. Nos permite ver en tiempo real cómo está el tendón, el músculo o el ligamento que te preocupa, confirmar qué está pasando exactamente y, en muchos casos, evitarte tener que ir a hacerte una prueba de imagen fuera. También nos ayuda a guiar algunas técnicas con más precisión y a ver, sesión a sesión, cómo va evolucionando el tejido.
¿Hace falta que me haga una radiografía o una resonancia antes de venir?
No es imprescindible. La exploración en la valoración ya nos da mucha información para empezar a trabajar. Si en algún momento creemos que hace falta una prueba de imagen, te lo decimos y te derivamos.
Llevo años con esta molestia, ¿a estas alturas tiene solución?
Sí. El tiempo que llevas con ello influye en cuánto se tarda en notar la mejora, no en si es posible o no. Vemos mejoras claras incluso en molestias que llevan años instaladas.
El dolor me va y viene, unos días estoy bien y otros mal, ¿eso es normal?
Sí, es muy habitual, sobre todo en fases de recuperación. No significa que estés retrocediendo, el cuerpo no mejora en línea recta. En la valoración te explicamos qué esperar en tu caso concreto.
¿Me vais a mandar ejercicios para hacer en casa?
Sí, es una parte importante del tratamiento. Lo que trabajamos en la consulta se complementa con ejercicios sencillos para hacer en casa, que son los que de verdad consolidan la mejora.
Me da un poco de miedo que me tocéis y me duela más
Es una preocupación muy común. Siempre trabajamos dentro de lo que tú puedas tolerar, ajustando la intensidad a cómo vayas respondiendo. La idea es aliviar, no añadir más molestia.
¿Puedo seguir tomando antiinflamatorios mientras hago fisioterapia?
Sí, no hay problema en combinarlo, aunque el objetivo del tratamiento es precisamente que cada vez los necesites menos. Si tienes dudas concretas sobre tu medicación, coméntaselo también a tu médico.
Me duelen varias cosas a la vez (el hombro, la rodilla...), ¿es un problema venir así o tengo que elegir una sola?
No hace falta que elijas. En la valoración miramos el conjunto, no solo una zona aislada, porque muchas veces una molestia está relacionada con otra sin que te hayas dado cuenta. Trabajamos las que hagan falta, no una sola por sesión.
Tengo pendiente operarme (una prótesis, por ejemplo), ¿tiene sentido hacer fisioterapia antes de la operación?
Sí, y mucho. Llegar a la operación con la musculatura de alrededor más fuerte suele hacer que la recuperación después sea más rápida y más llevadera. Si tienes fecha de operación, es buen momento para empezar antes, no solo después.
¿Esto es lo mismo que un masaje o ir al quiropráctico?
No exactamente. Un masaje relaja el músculo un rato, y un ajuste puede aliviar en el momento, pero nosotros valoramos por qué está pasando esto, tratamos la causa y te damos ejercicios para que el problema no vuelva a los pocos días. Es un trabajo más completo, no solo puntual.
Trabajo sentada muchas horas y creo que es cosa de la postura, ¿de verdad tiene arreglo o ya es tarde?
Nunca es tarde. Aunque la postura influya, el cuerpo se puede fortalecer y reeducar a cualquier edad y en cualquier momento. Te ayudamos a mejorar lo que depende del cuerpo, y te damos pautas sencillas para que el trabajo de oficina no te pase tanta factura.
¿Quieres recuperar la confianza para moverte sin miedo?
Pide una valoración. Te escuchamos, exploramos qué pasa y te ayudamos a volver a hacer lo de siempre.